sábado, 13 de mayo de 2017

PERSPECTIVA DE DERECHOS EN EL DISTRITO CAPITAL

INFANCIA DESDE LA PERSPECTIVA DE DERECHOS EN EL DISTRITO CAPITAL 

En este marco legal, el Distrito Capital, promueve desde sus políticas de infancia y adolescencia, la garantía y ejercicio integral de derechos de las niñas y de los niños, entendiendo éste como “un proceso que se inicia con el reconocimiento de los derechos, continúa con la generación permanente de condiciones para asegurar su ejercicio pleno y culmina con las medidas que deben tomar las autoridades, los miembros de la familia y la sociedad, para restablecerlos cuando se vulneran, para sancionar a quienes los violan y para reparar a las víctimas de las violaciones” (SDIS, 2007, p. ).
La integralidad y complementariedad de los derechos en las Políticas del Distrito, se fundamenta en la garantía de los derechos de supervivencia unidos a los que privilegian la promoción y el fortalecimiento del desarrollo infantil, la protección y el cuidado de la infancia y la participación efectiva del niño y niña en su entorno.
De la misma forma, en la Política del Distrito se introduce la perspectiva poblacional como una forma de comprender las características, especificidades, vulneraciones, contextos culturales y étnicos, sin olvidar sus particularidades; con el fin de constituirse como ordenador de las acciones del Estado para crear condiciones equitativas que contengan la garantía y restablecimiento de los derechos de los niños y niñas que habitan en un territorio.

Desde este marco, la Política Pública de Infancia y Adolescencia del Distrito, pasa de ser remedial de problemas puntuales, para convertirse en un instrumento de desarrollo humano que contribuye con la creación de condiciones y prácticas sociales y culturales no discriminatorias, que promueven el desarrollo armónico e integral del niño y de la niña, para preservar y garantizar el ejercicio pleno de sus derechos, con la corresponsabilidad del Estado, la familia y la sociedad.

La concepción de niño y de niña desde la perspectiva de derechos garantiza el derecho a la educación inicial y pone en marcha un escenario de promoción del desarrollo infantil con las garantías necesarias para que sea adecuado y oportuno para el ciclo más importante de la vida del ser humano. Así, al ser considerado el potenciamiento del desarrollo infantil como un derecho universal, deja de ser un asunto privado, para convertirse en una responsabilidad colectiva sobre la cual se puede actuar, premisa que sienta las bases para el diseño de políticas públicas en este campo. Pero esto solo es posible agenciando un profundo cambio cultural que afecte las concepciones que se tienen de la infancia en los diferentes contextos que conforman el país, puesto que de ellas se desprenden las prácticas de socialización (Pineda y Colbs, 2009).


Para hacer posible este gran reto, es necesario que las instituciones y las personas que tienen a cargo el cuidado y la educación inicial, conozcan a los niños y a las niñas desde sus procesos de desarrollo, desde su propia mirada, desde sus intereses, anhelos, sentimientos y construcciones que tienen sobre el mundo y sobre ellos mismos, y desde su propio lenguaje, con el fin de posibilitar y potenciar su desarrollo.

DESARROLLO INFANTIL
Reconociendo el potenciamiento del desarrollo infantil como objetivo fundamental de la educación inicial, se hace necesario precisar el sentido y significación que se le atribuye dentro de la presente propuesta a este concepto. Desde una perspectiva de ciclo vital, en la que se asume que el desarrollo es un proceso que comienza con la vida y con ella termina, el desarrollo infantil es multidimensional y multidireccional y está determinado por factores biológicos, psicológicos, sociales, culturales e históricos. A través del desarrollo, niños y niñas construyen formas de comprender e interactuar con el mundo progresivamente más complejas y elaboradas, en virtud de la permanente interacción con las múltiples influencias de su contexto; estas formas de comprensión e interacción, presentes en cada momento de la vida, constituyen en sí mismas plataformas para la continuidad del desarrollo humano.

Por ejemplo: la perspectiva etológica, considera que el ser humano trae inscritas al nacer una serie de conductas concretas y de tendencias de conducta que se activarán y concretarán en contacto con estímulos del medio, particularmente sociales. Igualmente, considera que las previsiones de la filogénesis tienen fecha de activación y de caducidad, lo que pone de relieve la pertinencia de la intervención para la promoción del desarrollo. 

Por su parte, la psicología cognitiva concibe a los sujetos como procesadores activos de los estímulos, lo que a su vez determina nuestro comportamiento. Dentro de esta perspectiva se encuentran teóricos como Jean Piaget, quien plantea que los niños construyen activamente su mundo en la interacción con él. Desde allí, el papel de las acciones de niños y niñas en el proceso de aprendizaje es fundamental. Piaget plantea que el desarrollo cognitivo se da en etapas en las cuales los niños y niñas avanzan a partir de procesos de asimilación y acomodación. Dentro de la psicología cognitiva, encontramos igualmente la perspectiva sociogenética e históricocultural cuyo representante más reconocido es Vygotsky, quien plantea que los procesos de desarrollo tienen una génesis socio-cultural y que el desarrollo y el aprendizaje se influyen mutuamente a partir de un proceso que ocurre en el paso de la zona de desarrollo actual – aquello que una persona es capaz de hacer por sí misma- a la zona de desarrollo próximo –aquello que no puede hacer sola pero que puede hacer o aprender a hacer si alguien le guía y le presta ayuda. 

Como último ejemplo, el Psicoanálisis plantea el desarrollo de la vida psíquica del individuo, motivada por dinámicas y deseos inconscientes. El psicoanálisis propone una serie de fases a través de las cuales se verifica el desarrollo del sujeto, en las cuales se privilegian objetos libidinales (por ejemplo la boca en el caso de la etapa oral, que comprende hasta los 18 meses) y en las que se presentan conflictos psíquicos, que el sujeto resuelve o en ocasiones se puede dar un estancamiento en la fase (fijación) o el retorno a una fase precedente (regresión). Desde allí se propone un concepto dinámico sobre lo psíquico.

DESARROLLO HUMANO
Existe una relación de doble dirección entre los conceptos de Desarrollo Infantil y Desarrollo Humano. De una parte, fortalecer la promoción del desarrollo infantil en la primera infancia garantiza el desarrollo humano de un país, contribuyendo al bienestar de los sujetos y de la sociedad en su conjunto, por los efectos que éste tiene a corto, mediano y largo plazo. Pero también, y en forma simultánea, la inversión que un país destine para garantizar las condiciones adecuadas para la promoción del desarrollo infantil integral y armónico en la primera infancia, se hace sustentable por el ahorro de costos posteriores en salud, educación y protección.

Para lograr una comprensión de esta doble relación es necesario explicitar qué se entiende por desarrollo humano. El Desarrollo Humano es entendido desde una diversidad de modelos de desarrollo personal y social para los pueblos.

Estos modelos fueron considerados desde su inicio, siglo XVII en Europa, como alternativas de mejoramiento de las condiciones de vida de una sociedad, que servían como base para la formulación de políticas para los diferentes países (Levine y White, 1986). 
Así, los primeros modelos de Desarrollo Humano Global desde los cuales se formularon las políticas nacionales y mundiales, fueron construidos desde una concepción económica del desarrollo, lo que trajo como consecuencia, que la concepción de ser humano se perdiera, subsumiéndose al concepto de sociedad. Pero la concepción de sociedad para dichos modelos tenía como fin específico cumplir con los logros propuestos a nivel económico. A este respecto, vale la pena señalar que, en la actualidad, estos modelos aunque hayan sido formulados en los años 50, siguen liderando la formulación de muchas políticas globales. 

Como reacción a esta posición, los economistas neoclásicos, introducen en 1976, la variable de Capital Humano a los modelos de Desarrollo Humano, esta vinculación significó develar al ser humano inmerso en la sociedad, pero con el objetivo de fortalecer su capacidad productiva, razón por la cual, se mejoraron las inversiones dedicadas a la cobertura de las necesidades básicas. Sin embargo, la introducción del concepto de Capital Humano no fue suficiente para darle existencia al sujeto. Solo cuando se introduce el concepto de Cultura al de Desarrollo Humano, se comienza a hablar en forma directa de sujeto, ya no tan solo para hacer posible el desarrollo propuesto por los modelos, sino como el beneficiario, actor y creador del mismo.



La introducción del concepto Cultura, se constituye entonces en un hito fundamental en la resignificación del concepto de Desarrollo Humano, desde el cual se proponen modelos que propenden por un Desarrollo que fomenta la construcción de un sujeto activo y partícipe del mismo, y en relación con los otros que comparten su situación, contexto, pensamiento y acción, dando una existencia real tanto al sujeto como a la sociedad. Como ejemplos de los modelos que comparten esta concepción, encontramos el Desarrollo del Potencial Humano, y el Desarrollo a Escala Humana, generados en contextos diferentes, el primero en Europa, y el segundo en Latinoamérica.
De esta manera el desarrollo infantil deja de ser un asunto de dotaciones individuales, para convertirse en una responsabilidad colectiva sobre la cual se puede actuar, premisa que sienta las bases para el diseño de políticas públicas en este campo. 


CONCEPCIÓN DE DESARROLLO EVOLUTIVO
En el ser humano, desde su concepción hasta su muerte, acontecen una serie de cambios cuantitativos y cualitativos a lo largo del tiempo, a nivel físico, biológico y psicológico a los que se les ha denominado Desarrollo evolutivo. Sin embargo, como los cambios que suceden en un sujeto pueden ser infinitos, es necesario explicitar a qué tipo de procesos de cambio o transformación nos estamos refiriendo cuando hablamos de desarrollo evolutivo y cuáles son sus características para diferenciarlos de otros que no lo son (Palacios, 1999).

LOS CAMBIOS EVOLUTIVOS TIENEN UN CARÁCTER NORMATIVO O UNIVERSAL, O UN CARÁCTER CUASI NORMATIVO.

Los estudios del desarrollo han identificado como su primera característica, el carácter normativo o cuasi normativo de los procesos de cambio, que permiten identificar cuáles de los cambios o transiciones evolutivas son esenciales para el desarrollo de un sujeto en un determinado periodo de tiempo de evolución.

El carácter normativo o universal significa que los procesos de cambio de los que se ocupa el desarrollo evolutivo son aplicables a todos los seres humanos o a grandes grupos que pertenecen a una cultura determinada en un momento histórico dado (Ibid). Esto significa que estos cambios acontecen en todo ser humano y son esperados por la cultura a la que pertenece el sujeto, en un momento específico de la vida, como ejemplo de ellos se encuentran el caminar a una cierta edad, hablar y comunicarse, entre otros muchos que trataremos de explicitar más adelante.

Sin embargo, cabe anotar que, lo normativo se refiere al proceso de cambio en el desarrollo y a las transiciones evolutivas como tales, más que a los contenidos concretos o las formas como se asumen los cambios en una cultura determinada. Un ejemplo de esto, es que es normativo que todos los seres humanos necesitan ser cuidados por alguien en la primera infancia, sin embargo la forma como se da este cuidado, no es normativa y depende entre otras de las relaciones que se establezcan y de la cultura a la cual se pertenece.

Los procesos de cambio están referidos a conductas humanas tanto externas y visibles, como a internas y no directamente perceptibles. 

El objeto de estudio del desarrollo evolutivo son los cambios y transformaciones que se dan a lo largo del tiempo en la conducta humana, pero debemos tener en cuenta que la conducta humana es resultado de muchos procesos de cambio en diferentes dimensiones o áreas como la física, psicomotriz, afectiva, cognitiva, social, moral, estética y de lenguaje, por mencionar solo algunas de ellos.
Para observar, acompañar y propiciar la evolución de los procesos de cambio de las diferentes dimensiones del desarrollo de un sujeto, debemos tener en cuenta que algunas de estas pueden percibirse a simple vista, como el desarrollo corporal, social o del lenguaje; y otras requieren de instrumentos o métodos para ser observadas, porque no son tan directamente perceptibles a la vista, como el desarrollo del pensamiento, el desarrollo moral o el desarrollo del afecto o de la personalidad.

RELACIÓN DE LOS CAMBIOS CON LA EDAD DEL SUJETO.
Los cambios o transiciones de los que se ocupa el desarrollo evolutivo tienen relación directa con la edad, pero cuando se habla de edad, no se refiere a una edad concreta o precisa, sino a un periodo de tiempo en la vida del sujeto, en el cual acontece el cambio. Estos periodos de acontecimiento de los cambios son en los que habitualmente se ha dividido el desarrollo.

Así, desde las diferentes teorías del desarrollo se han determinado una serie de periodos en los que habitualmente se divide el desarrollo evolutivo, que responden a las características de los cambios que suceden en el sujeto a lo largo de su vida. De esta forma encontramos cambios significativos y diferentes en la etapa prenatal (9 meses de gestación), en los primeros años (0 a 2 años), en los años previos a la escolaridad (3 a 6 años), en los años de la escuela primaria (7 a 12 años), en la adolescencia (13 a 18), en la juventud (18 a 25 años), en la adultez (25 a 65 o 70 años), y la vejez (65 o 70 años en adelante). Si bien existen cambios físicos, biológicos y psicológicos que se identifican en edades más concretas, estos rangos amplios de edad permiten tener en cuenta las variaciones interindividuales y culturales que se presentan en cuanto a las adquisiciones y cambios.
El desarrollo evolutivo como el resultado de múltiples influencias La existencia de cambios de carácter normativo de tipo universal en el desarrollo del sujeto, que explicamos en el aparte anterior, no impide que se presenten importantes diferencias de un sujeto a otro, y de un grupo de personas pertenecientes a una cultura con otro.

Gracias a la ocurrencia de múltiples influencias que el sujeto recibe de sus características individuales y de su entorno social, físico y cultural, que actúan en forma simultánea sobre su desarrollo evolutivo, se van a constituir sus características diferenciales (Palacios, 1999). A continuación describiremos cada una de ellas.

Características de la especie: Todos los seres humanos nacemos con genoma humano que contiene un plan biológico madurativo con un carácter normativo de tipo universal, que hace referencia a los rasgos propios de la especie humana, desde la concepción hasta la muerte. El genoma humano no solo garantiza los rasgos externos de un individuo perteneciente a la especie, sino que, de acuerdo con la ciencia Etológica, no es posible entender el desarrollo del niño sin hacer referencia a la historia de la especie y a los sistemas de conducta pre programados que actúan no solamente como garantes de la supervivencia, sino que indican la dirección y los límites del aprendizaje (López, 1998).

· Características de la cultura: Cada cultura incluye unas construcciones, unas expectativas, que van a influir en los sujetos que pertenecen a ella. Esto incluye una forma de socialización específica y unos conceptos de bienestar, educación y actividades que deben desarrollar sus miembros de acuerdo con su edad (Levine y White, 1986). La influencia de la cultura tiene un carácter normativo al interior de ella, pero no al interior de otra, es así como, cada cultura establece los cuidados, las relaciones y las actividades que considera prioritarias para su bienestar, estimulando de esta forma aspectos del desarrollo específicos que responden a este cometido. Como ejemplos de esto, podemos encontrar que en una cultura puede ser normativo la escolarización, pero esto no tiene porque serlo para otra. Otro ejemplo es la aparición de la coordinación viso-motora y la motricidad fina a temprana edad en niñas de algunos de nuestros pueblos indígenas, por el significado prioritario que le otorga la cultura a la actividad del tejido. Sin embargo, debemos tener en cuenta que existen cambios normativos de tipo universal, que se escapan a la influencia de la cultura, porque se relacionan de manera directa con la maduración, como por ejemplo la aparición de la marcha independiente del bebé, que aparece como poco determinada por las prácticas culturales. Pero entre más nos alejemos de los primeros meses de vida del sujeto, la maduración se limita a abrir posibilidades que el entorno se encarga de aprovechar en mayor o menor medida, determinado esto por las prácticas sociales y culturales del contexto al que pertenezca el sujeto.
· Características del momento histórico: Aunque el sujeto pertenezca a una misma cultura, ésta va teniendo transformaciones de una generación a otra, en normas, estilos de vida, concepciones de lo que son sus miembros, determinaciones de lo que deben hacer de acuerdo con la edad, entre otros. Como ejemplo de esto podemos encontrar que la educación obligatoria ha existido por muchas décadas en nuestra cultura, pero que las relaciones establecidas entre el maestro y el alumno, la duración, las metodologías y los contenidos, son diferentes de acuerdo con las determinaciones del momento histórico. El momento histórico dentro de una cultura también va a determinar el modo de relación y las actividades que desempeña cada sujeto de acuerdo con su edad. En este sentido, uno de los principales determinantes de las características derivadas del momento histórico es la concepción de niño y de niña que existe en un determinado momento, puesto que ésta va a establecer la existencia, forma de cuidado, de educación, de espacios físicos y sociales y de relaciones establecidas con ellos como ya se ha señalado.
· Características del grupo social: Entre más compleja sea la cultura, más grupos con diferentes características van a existir y van a ser más acentuadas sus diferencias. Aunque exista en una cultura el ideal de la universalización de acceso a los derechos básicos, los diferentes grupos tienen más o menos oportunidades de educación, ingresos, de acceso a la recreación y a la cultura. Una de las diferencias más acentuadas se reflejan por ejemplo en el desarrollo del lenguaje en el que interviene el entorno familiar, el acceso o no a variedad de bienes de la cultura influye en el vocabulario, la complejidad sintáctica y la riqueza semántica que tienen los hijos.
· Rasgos y características individuales: Por más que todo ser humano comparta unos rasgos comunes de la especie, no existen dos personas que sean exactamente iguales. La personalidad de un sujeto va a determinar que no haya dos sujetos iguales, como resultado de una serie de factores que podemos agrupar en dos tipos de agentes. Por un lado están los agentes de tipo constitucional, que se refieren a que la carga genética del sujeto es totalmente diferente a la de otro, y a la existencia de características innatas de la personalidad que no dependen directamente del aprendizaje ni de lo genético, pero que emergen en el sujeto desde su nacimiento. Por otro lado se encuentran los agentes ambientales y sociales, relacionados con el aprendizaje y la identificación con las primeras figuras significativas del niño, que van a imprimir en el sujeto características diferenciales en su forma de ser y de relacionarse con el mundo. Se nace siendo diferente, y a esto se le suma que cada sujeto vive experiencias distintas y que una misma experiencia no es vivida de igual forma por dos sujetos. Así la sumatoria de todos estos factores va ejerciendo un impacto diferencial sobre el desarrollo de cada sujeto (Brainsky, 1984).




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